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ITV SOBRE EL ENFADO

La ira es la gran incomprendida dentro de las emociones. Nos cuesta aceptar esa parte nuestra que se enfada y que muestra nuestra peor cara. Nos gustaría ser más templados y capaces de encajar las cosas de una forma más chill. Pero nos olvidamos de que la ira, como toda emoción, cumple una función importante para la persona. Nos sacude ante algo injusto, o nos predispone a luchar en favor de alguien vulnerable, o nos pone a la defensiva para avisarnos de algo que necesita atenderse mejor, o resolverse, o sanarse. 

 

Tan preocupante es enfadarse demasiado como no enfadarse nunca. Tener la "piel muy fina" serviría de ejemplo para lo primero. La indefensión aprendida (esa situación en la que la persona ha "tirado la toalla" ante la sensación de que haga lo que haga no puede cambiar lo que está pasando) es un claro ejemplo de lo segundo. 

Una cosa es la emoción que experimentamos y otra cómo elegimos expresarla. La sensación de enfado nos invade de forma involuntaria, espontánea. Podría decirse que es reactiva al detonante que la provoca. El detonante es como un interruptor que la enciende, pero no es necesariamente (de hecho, no suele ser) el motivo real de nuestro enfado. En ocasiones, el estímulo que provoca el enfado es tan fuerte, que nos coge por sorpresa y la primera reacción puede ser difícil de controlar. Saltamos casi sin poder evitarlo. Pero, así como la emoción de ira se apodera de nosotros sin que podamos hacer casi nada, la expresión del enfado depende más de cada uno: del carácter, de las circunstancias, del aprendizaje previo, etc. Y tiene una parte que podemos escoger y que nos permite modular como manifestamos nuestro enfado. Obviamente, el momento en el que estamos a mil, no es el más adecuado para planificar cómo, porque la emoción ha tomado las riendas. Pero en los momentos de calma, conocerse y buscar estrategias sobre cómo queremos actuar en esas ocasiones, resulta de gran ayuda cuando llega el momento. Nunca es tarde para empezar.

La reflexión sobre la forma particular de cada uno de reaccionar en estas circunstancias da también muchas luces acerca de nosotros mismos y de la calidad de las relaciones que mantenemos. A la hora de valorar una relación (de pareja, familiar, con los amigos) es muy importante fijarse en la calidad de nuestros enfados. En el contexto de cada relación, saltar constantemente o, por el contrario, no ser capaz de expresar nuestro malestar aunque nos duela, son indicadores de que algo está fallando. No "tener derecho a enfadarse" puede esconder una forma muy dañina de maltrato psicológico, o una relación tóxica de dependencia en la que el miedo a perder a la otra parte hace que no me atreva a manifestar el desacuerdo con la situación. Actuar como si nada hubiera pasado, sin abordar la situación, es otra forma de ningunear las emociones del otro y puede dejar a la persona en un estado de inseguridad dentro de la relación muy difícil de sobrellevar.

 

IDEAS PARA APROXIMARSE A LA REFLEXIÓN PERSONAL SOBRE EL ENFADO

•    Si no me importa, no me enfado. La parte bonita del enfado es aquella que nos evidencia la importancia que damos al otro, o al tema del que se trate. Por eso cuando se instala la indiferencia el enfado desaparece (y es un mal síntoma en las relaciones personales). 

•    El desencadenante del enfado no tiene porque ser el motivo, especialmente si el motivo es aparentemente muy tonto (en estos casos, no suele ser el motivo real, solamente es algo que nos lo recuerda).

•    La emoción de ira tiene algo (o mucho) de involuntario. Nos invade. Pero en momentos de calma podemos escoger cómo expresar el enfado y buscar estrategias que nos ayude a hacerlo de la forma más adecuada.

•    Tan preocupante es estar todo el día enfadado como no enfadarse nunca. En ambos casos, interesa preguntarse qué pasa.

•    La calidad de mis enfados habla de la calidad de la comunicación y de la seguridad del vínculo de mis relaciones. Y del respeto mutuo. Es importante "poder" enfadarse y encontrar la forma de hacérselo saber al otro en la manera y tiempo adecuados para ambas partes.

•    "Desenfadarse" es un proceso que varía mucho de una persona a otra. Cada uno necesitamos nuestro tiempo. Conocerse y conocer nuestros tiempos y los de los que nos rodean es MUY clave.

 

TIPS PARA ATENDER A NUESTROS ENFADOS Y A LOS ENFADOS DE LOS DEMÁS

•    El botón de pausa es nuestro mejor aliado: Tanto para nuestros enfados como para los enfados de los demás. Poner el botón de pausa no equivale a restar importancia al tema o a evitar abordarlo. Cuando se usa con uno mismo o con los demás es necesario darle otro lugar y otro momento al tema del enfado, y PONER DE MANIFIESTO la importancia que se da a la situación: "Este tema es importante - no soy capaz de hablarlo (o pensarlo) ahora con serenidad - lo hablamos (o lo pienso) luego, mañana... y proponer un entorno apropiado". También es importante destacar que lo aplazamos precisamente porque es importante, y, o el lugar no es adecuado (están los hijos delante, o es un lugar público...), o el estado está muy alterado para pensar y hablar con tranquilidad.

•    Encontrar una forma de "desaceleración": Cada uno la suya: paseo, deporte, música...

•    Respetar los tiempos (propios y ajenos): Dosis de paciencia con nosotros y con los demás: la prisa por arreglar las cosas no ayuda. Aunque yo ya me haya calmado, si el otro está aún a mil revoluciones, es mejor esperar. A nadie se le ocurre abrir la lavadora cuando está centrifugando... pues lo mismo.

•    Validar las emociones propias y ajenas al inicio de la conversación rebaja tensión y acerca: Independientemente de las razones, lo que estoy sintiendo, o lo que siente el otro, es real y eso siempre podemos reconocerlo. Frases como: "me doy cuenta de que esto te afecta mucho y lo siento" es una de ellas. 

•    Ser muy sincero con los motivos: No sirve de nada hablar con rodeos o camuflarlos. Es como ir al médico y no decirle lo que me duele. Si estamos atendiendo a nuestro enfado, sería engañarnos a nosotros mismos, y el enfado se repetiría incansable hasta que decidiéramos mirar a lo que de verdad nos está pasando. Si estamos intentando arreglar las cosas con alguien y camuflamos el motivo, le estamos dejando sin la capacidad de arreglar las cosas de verdad.

TRUCO: Hacer una lista de quejas y anhelos

Toda queja se puede transformar en un anhelo. Y el anhelo nos dibuja muy bien lo que realmente nos pasa.

Por ejemplo: 

  • Queja: Estoy harta de que cambies los planes a última hora. Yo también tengo cosas que hacer.

  • Anhelo: Me gustaría ser una prioridad para ti. Me siento poco importante cuando lo haces.

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